CEIP La Aduana

Relatos 2011

Viernes 15 de abril de 2011 por Maricarmen Gallardo

Por tercer año consecutivo se ha celebrado el concurso de relatos y el de marcapáginas en el colegio. Aquí están los relatos y los marcapáginas ganadores.
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Zoé Godoy, 4º A 1º premio

El dragón y el anillo mágico

Cuenta una leyenda que en el Castillo de Almodóvar vivía un dragón que tenía un anillo de caramelo que tenía poderes: todo el que lo probase sería siempre joven.

Un día, entró un niño en el castillo y se encontró con el dragón que estaba durmiendo. A su lado vio el anillo, lo cogió y se lo comió.

El tiempo pasaba y el niño iba viendo cómo sus amigos crecían y él no. Siempre continuó siendo un niño y se cuenta que aún hoy se le ve jugando a la comba por los pasillos del Castillo de Almodóvar.

Blanca Calero, 2º B 1er premio del concurso

Un león en la Mezquita Había una vez, en la Mezquita de Córdoba, un león que se estaba comiendo las paredes porque tenía mucha hambre.

Un policía escuchó golpecitos y se asustó mucho. Entonces le puso una multa, pero como el león no tenía dinero, no podía pagarla.

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María Mendoza, 1º A

El policía se puso hecho una fiera y el león salió corriendo.

Colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

Nerea Guerrero, 1º A

El niño que no tenía miedo

Había una vez un hombre que era muy pobre y tenía un niño que se llamaba Marc. Vivía cerca de la Mezquita, en una casa muy pequeña. Un día, Marc salió a pasear y se perdió, pero no tenía miedo. Todos los vecinos le estaban buscando, pero no lo encontraron.

Lo buscaron por toda la Mezquita y la judería, por la Sinagoga, por la Plaza del Potro, en Santa Marina… Por todos sitios, pero no lo encontraron. Pasaron años y años y nadie volvió a verlo. Creían que había muerto.

Un día, llegó un hombre al que nadie conocía. Era Marc, que había crecido y había cambiado. Todos se pusieron contentos por volver a verlo. Hicieron una fiesta para celebrarlo y, desde entonces, volvió a vivir en Córdoba.

Alfonso Xu, 1º B

El Puente Romano

En el Puente Romano de Córdoba había una estatua llamada La Vieja, que si le echabas una moneda, se movía.

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Juan Arenas, 1º C

Un día, un niño llamado Enrique fue a ver esa estatua y le echó una moneda. Pero La Vieja no era una estatua de verdad, era una mujer disfrazada. Esa mujer era mala y lo hechizó.

El niño se convirtió en una estatua y se quedó mil años convertido en estatua hasta que un mago le volvió a convertir en niño, con su aspecto normal.

El mago hechizó a la mujer con el siguiente conjuro: Abracadabra, pata de cabra. Conviértete en una estatua para siempre.

Y desde entonces, fue una estatua.

David Menor, 1º C

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Alba Torres, 1º B

Una excursión a la Mezquita

Érase una vez tres niños que iban de excursión a la Mezquita. Vieron la Judería, la Ribera por donde pasa el río Guadalquivir y el Puente Romano.

Los profesores les explicaron que hubo un tiempo en que en Córdoba vivían juntos los judíos, los cristianos y los árabes.

Cuando llegaron a casa, le contaron a sus padres lo que había visto.

¡Se lo pasaron genial!

Laura Molina, 2º A

El cocodrilo salvaje

Había en Córdoba un cocodrilo salvaje que estaba escondido en una roca.

Un día, un hombre se acercó y el cocodrilo le mordió la mano. Se quedó manco y se puso furioso.

El hombre lo mató y los habitantes no creían que pudiese con él. Pero lo consiguió y cuando los habitantes se enteraron, se quedaron con la boca abierta.

La vida de todos los habitantes fue mejor: ni muertos, ni tumbas.

Marta Moya, 3º A

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Magdalena Espejo, 2º A

El misterio de la Mezquita

En Córdoba, en la Mezquita, hay un misterio muy raro. Nadie quería pasar por ella por la noche.

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Rafael Castejón, 3º B

Se cuenta que, por la noche, los espíritus musulmanes salían como si construyesen la Mezquita de nuevo y si algún cordobés entraba en ella, los musulmanes y sus tropas sacaban sus armas y sus catapultas, atacaban y defendían la Mezquita con todo su corazón y sus esperanzas y ya no salía de ahí.

De día, desaparecían, pero los cuerpos no estaban allí, ¡también desaparecían! Un detective intentó conseguir pistas y decidió entrar en la Mezquita y ¡allí encontró manchas de sangre!

El detective y su amigo entraron por la noche, fueron por un pasadizo secreto y se encontraron todo tipo de armas de aquel tiempo. La luna llena invadía el terreno. El detective se asustó. Empezaron a correr y correr hasta que aparecieron los espíritus. Intentaron escapar, pero la puerta se cerró y murieron dentro.

Por su valentía, pusieron sus nombren en la entrada de la catedral.

Miguel Á. Cortés, 3º B

La alegría de Elisa y Córdoba

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Mario Calvo, 2º B

Un día, en una ciudad llamada Córdoba donde todo el mundo estaba siempre triste, llegó una niña llamada Elisa.

Elisa era rubia, de ojos verdes, tenía una camiseta azul celeste, unos pantalones vaqueros cortos y una felpa roja. Siempre estaba feliz.

El día que llegó a Córdoba tenía cinco años y no sabía que tenía unos poderes especiales. A quien tocaba, lo alegraba. Ese primer día vio un gatito muy triste, hasta tenía dos lágrimas en la mejilla. Lo acarició y se volvió tan alegre que hasta se subió a un árbol de un gran salto. Al día siguiente, ya había alegrado a todo el mundo. A todos menos a un niño llamado Hon.

Hon era un niño muy siniestro con pelo negro y un flequillo tan largo que no se le veían los ojos. Elisa intentó tocarlo, pero nada. Ella estaba tan triste que él se alegró y, de repente, se volvió ella igual de feliz.

A partir de entonces, Hon es feliz en su casa, con su madre. Y Elisa sigue alegrando a gente incluso de otro planeta.

Claudia Sauceda, 4º A

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Marina Jiménez, 3º A

Visita a la Mezquita

Un día, hace mucho tiempo, un grupo de niños fueron a visitar la Mezquita. Iban por un pasillo muy largo cuando se encontraron una puertecita y, como eran muy curiosos, entraron a ver qué había.

Descubrieron que por allí se iba al pasado, al tiempo en que se construyó la Mezquita. Allí empezaron a ver muchas cosas. Pasaron por todos los pasillos y puertas y encontraron un montón de árabes construyéndola.

Entonces le preguntaron a un hombre llamado Mohamed que si les enseñaba un poco de historia. Se iba haciendo de noche y tuvieron que ir a su casa a dormir.

Al día siguiente, se fueron otra vez por la puertecita a la realidad, pero allí solo habían pasado unos minutos. Se fueron a su casas hablando de lo que habían hecho y visto.

Carmen Torres, 4º B

El templo maldito de Córdoba

Érase una vez, una ciudad llamada Córdoba. Córdoba era bonita por sus patios y por sus monumentos como la Mezquita, el Puente Romano… En las afueras había un templo árabe, en la calle El Brillante.

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Arturo R. Espejo, 4º B

Juan era un explorador muy conocido en toda la ciudad, le llamaban El incansable porque nunca se cansaba de explorar. Juan tenía doce años, era alto, rubio, con los ojos verdes. También tenía tres amigos, Pepe, Miguel y Nacho. Ellos tenían los mismos años.

Un día, Juan pensó: “Si yo soy explorador, puedo ir al Brillante y… ¡explorar el Templo Maldito! Así que una mañana, Juan llamó a Pepe, a Miguel y a Nacho y les dijo:

- ¿Quién se viene a explorar el Templo Maldito?

Sus amigos dijeron:

- ¡Vale! El domingo, a las seis de la tarde, en la carretera del Brillante.

Llegó el domingo y Juan y sus amigos salieron hacia la cueva del Brillante. Llegaron a las afueras, vieron la cueva y dijeron los tres a la vez:

- ¡Allá vamos!

Entraron en el Templo Maldito y oyeron ¡¡¡Uaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhh!!! Los cuatro amigos salieron corriendo y dijo Juan:

- ¡Esperad! Puede ser una trampa para asustar a los turistas o exploradores.

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Alejandra Cabrera, 5º

Entraron con una linterna y allí estaban los cuatro amigos, dentro de la cueva, agarrados unos a otros, avanzando a ciegas. Juan, de repente, abrió un ojo y dijo:

- Chicos, el tesoro es… ¡UN LEÓN DE JUGUETE!

Pequeño y marrón, tenía una melena muy larga. Los chicos salieron contentos porque resolvieron un caso más.

Juan dijo: “Un caso más para El incansable.”

Daniel Povedano, 5º

Nico y la Mezquita

Había una vez un niño que se llamaba Nico y que tenía 13 años. A Nico le gustaba ir a la Mezquita Catedral. Iba todos los domingos y se sabía toda su historia.

Una vez le ocurrió algo extraordinario. Era una tarde de domingo y cuál fue su sorpresa que la Mezquita estaba cerrada. ¡No se podía entrar! Nico entendió que la estaban restaurando.

- ¿Cuánto tardaréis? – le preguntó a un trabajador.

- No lo sé, chico. Yo diría que… unas ocho semanas.

- ¿Cómo? ¿Ocho semanas? ¡Yo no puedo esperar tanto!

- Pues entonces, ayúdanos.

- ¿Cómo?

- Puedes traernos los utensilios que necesitamos. Por supuesto que podrás ver todos los días la Mezquita y también te pagaremos.

- Vale, acepto el trabajo.

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Paula Llamas, 6º

Cuando Nico llevaba allí dos semanas, se encontró una trampilla en una esquina que no había visto nadie. La intentó abrir pero no pudo. Pensó que lo mantendría en secreto y al día siguiente se llevaría las herramientas necesarias.

A la mañana siguiente, pudo abrirla y Nico, llenándose de adrenalina, se adentró en ella. Pero no antes de coger una linterna, porque el pasadizo estaba muy oscuro.

De repente, la trampilla se cerró de golpe y Nico se asustó. Empezó a caminar por el pasadizo. Al cabo de una hora, llegó a una salida. Esta sí pudo abrirla y se encontró… ¡en las mazmorras del Alcázar de los Reyes Cristianos!

Pero, ¿cómo había tardado una hora en llegar si normalmente se tardan cinco minutos? Nico no lo sabía. Volvió a la Mezquita y no le dijo nada a nadie. Desde entonces, Nico bajaba allí todos los días.

Paula Llamas, 6º


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